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Pedro Fabro fue uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola y junto a él fundó la Compañía de Jesús. A los dos se unió Francisco Javier y mientras estudiaban, compartieron momentos muy profundos de amistad en la Universidad de París. Según el mismo Ignacio de Loyola, Fabro fue el jesuita que mejor dirigía los Ejercicios Espirituales y uno de los que abrió un diálogo ecuménico viajando por toda Europa, mientras predicaba parte de la reflexión teológica de su tiempo.

Para Jorge Castillo, S.J., pastoralista y ex alumno del Colegio, se comprende y fortalece la comunidad en el nacimiento de la Compañía de Jesús, porque el punto de partida es la amistad de los primeros compañeros. Y es esa fortaleza la que se enfatiza a lo largo del taller de formación pastoral entre los estudiantes del Colegio San Gabriel de Quito y del Colegio San Francisco Javier de Pasto.

El taller de formación pastoral Fabro es uno de los convenios entre las dos instituciones. Los otros espacios de colaboración conjunta son en el ámbito deportivo y en el académico. Como antecedente a este evento, en la ciudad de Pasto se realizó la primera edición de Fabro en marzo de 2017. Uno de los objetivos de este tipo de procesos es fortalecer lazos entre las dos instituciones para enriquecer las experiencias en conjunto.

¿Qué queremos?

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Carmen Morales, coordinadora de Pastoral y acompañante de la experiencia, comenta que uno de las finalidades del trabajo con jóvenes es transformar la Pastoral, es decir, que deje de ser el lugar alejado de la realidad y se convierta en un espacio donde se tenga la opción de ser feliz, donde cada adolescente pueda encontrarse consigo mismo y sepa reconocese sobre todo como hijo e hija de Dios.

Carmen considera que:

Son los chicos los que han hecho que nos demos cuenta que la pastoral no está funcionando bien. La primera edición de Fabro fue el detonante de muchas dudas y observaciones internas: no nos sentíamos contentos con lo que pasaba. A partir de un discernimiento comunitario, llegamos a la conclusión de que es necesario cambiar.

 

De Fabro, el primer grupo de jóvenes participantes propusieron el Proyecto Kairós. Este proyecto buscó intensificar experiencias significativas en donde ellos puedan encontrarse con una experiencia profunda de Dios. El objetivo es que los chicos se apropien de la pastoral: “Se trata de que todos los que hacemos la Comunidad Educativa podamos apoderarnos de nuestra misión, desde los docentes hasta la gente que colabora en el aseo, que podamos amar lo que hacemos y apasionarnos de este proyecto”. Afirma Carmen Morales.

Las novedades

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Para Jorge Castillo, S.J., una de las fortalezas del San Gabriel es la organización de los Campamentos Ecuatorianos Loyola (CEL), y esa fue una de las mayores particularidades de esta edición de Fabro, porque los participantes tuvieron que preparar su comida, dormir en carpas, estar más cerca de la naturaleza, entre otros espacios propios de la experiencia de campamentos.

Además de esta actividad también se recibió ayuda externa de facilitadores para abordar talleres de liderazgo, manejo de grupos y de clown. “El taller clown respondió a la identidad del CEL”, afirma Jorge, “(...) quisimos integrar ese símbolo que engloba, además, la confianza, el autoconocimiento y seguridad en uno mismo”.

Varios de los jóvenes que participaron en el taller actualmente son parte de los diferentes grupos juveniles del colegio, como el CEL o la catequesis de confirmación. Y lo que pretende la Pastoral es darles herramientas para que puedan ser buenos líderes al servicio de los demás.

Además de los 5 acompañantes que han apoyado a cada uno de los jóvenes en su proceso espiritual, se encontraba un grupo de asesores conformado por seis estudiantes y dos exalumnos, uno por cada institución. Su labor consistía en preparar todos los materiales para cada actividad y ser asesor para que los participantes puedan vivir a plenitud su experiencia. Este grupo de jóvenes tenían un rol diferente y su objetivo principal era estar cerca de los participantes para dirigir espacios comunes.

Ángel Caiza, estudiante de Tercero de Bachillerato, estuvo por primera vez como asesor: “Es mucha responsabilidad (...) nos levantamos antes y nos dormimos más tarde ayudando en la organización (...) pero ver a los chicos cómo disfrutan las actividades, cómo están aprendiendo y cómo se van uniendo, es muy satisfactorio”.

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Para él, la actividad que más aportó al proceso fue el Liderazgo porque aprendieron nuevas técnicas para guiar a los grupos. Sostiene:

 La frase que más me llegó fue que un líder no manda, sino que acompaña (…) ahora lo que esper

amos de los cursantes es que lleguen al colegio y exploten todo lo que han aprendido aquí. Esto no se queda en una semana de perder clases, sino volver a la Pastoral del 

colegio y demostrar lo aprendido con los demás compañeros y profesores.

Según Jorge Castillo, uno de los grandes objetivos de estos encuentros es que a partir del conocimiento interno puedan encontrar a Dios en todas las cosas, y de esa manera encarnar en sus corazones la espiritualidad ignaciana. Es decir, lo importante es que ellos tengan una perspectiva diferente del mundo y entonces puedan dar un testimonio de vida.

La estrategia que se utilizó fue la alegría, donde todos pudieron compartir y crecer en un ambiente muy sano. Los participantes pudieron hacer, por un lado, un recorrido personal y espiritual; y por otro lado un diálogo y un vínculo entre todos.

Nuestros horizontes

El post curso o los resultados de este taller se verán en los próximos días, cuando los estudiantes plasmen sus ideas y propuestas en un proyecto, tal como lo hicieron el año pasado los estudiantes que asistieron a la primera edición de Fabro con el proyecto Kairós.

Es precisamente el proceso espiritual uno de los desafíos dentro de INNOV-ACCIÓN XXI. Carmen Morales considera que enseñar por enseñar es algo obsoleto: “Los jóvenes necesitan experiencias de carne y hueso y en las aulas no podemos llegar al corazón, a la parte humana”.

Finalmente, las esperanzas son grandes en cada uno de los procesos pastorales que estamos adoptando dentro de la institución, Carmen sostiene que: “Estos jóvenes llevan la semilla de lo que son capaces de hacer a partir de lo que han descubierto. Van a motivar a otros y a contarles sus experiencias y los miedos superados. De manera que podrán ayudar a sus compañeros a crecer en su experiencia de Dios”.

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