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Para la espiritualidad de los gabrielinos, la devoción a la Virgen María en la advocación de la Madre Dolorosa es prioritaria dentro la vida tanto estudiantil, así como para el resto de la vida. Ese amor se evidencia desde los primeros años de la vida de los chúcaros.

El sábado 28 de abril, las madres de los jóvenes de Octavo de Básica, consagraron a sus hijos a nuestra Dolorosa. Este acto de amor y entrega, simboliza la confianza en que la Madre del Cielo desde ese momento guiará a los estudiantes en el camino, no únicamente académico, sino durante toda su vida.

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“Cuando Jesús murió en la cruz, los discípulos se dispersaron y escondieron. Fue su madre, María, quien los unió; así comenzó la Iglesia y su misión de llevar la Buena Nueva al mundo: el mensaje de amor y de la vida eterna. Y es el amor de María, nuestra madre, el que cada año nos une en este templo, por el milagro que hace 112 años, unificó a los gabrielinos como un solo cuerpo”. Estas fueron parte de las palabras que el P. Rolando Calle, rector del Colegio San Gabriel, les dedicó a los exalumnos del colegio en la misa organizada por la promoción 2013, el 28 de abril de 2018.

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El 22 de abril de 2018 se realizó la misa y Procesión en el Centro Histórico de la imagen del milagro de la Madre Dolorosa. En esta actividad de nuestro plantel, los estudiantes de Octavo de Básica, también los estudiantes de Primero, Segundo y Tercero de Bachillerato quienes cargaron, en la mayoría del recorrido, las andas del cuadro. El Rector del Colegio, el P. Rolando Calle, S.J., en su mensaje por la paz, recordó a los jóvenes y a todos los asistentes que la paz se construye con la justicia y que es precisamente la justicia se construye día a día con honestidad, solidaridad... es decir, los valores ignacianos.

 

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Era el año 1906, una noche, en el comedor del Colegio San Gabriel en el Centro Histórico de Quito, cuando estaban 35 estudiantes y unos pocos jesuitas más en todo el edificio; uno de los estudiantes vio que los ojos de una litografía de la Virgen de los Dolores, abría y cerraba los ojos. Ese fue el Prodigio de Amor, cuando los días de nuestro Colegio eran inciertos, así como la fe de la gente. Desde ahí, cada día vivimos el amor de nuestra Madre en todo lo que hacemos.