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Hace dos meses, a inicios del mes de septiembre, un grupo de 10 jóvenes de Segundo de Bachillerato, llenos de nervios, ansiosos y muy expectantes estaban preparando su viaje a Tampico – México y a Antofagasta – Chile; esto como parte de un intercambio entre instituciones jesuitas gestionada por la oficina de Relaciones Internacionales de nuestro plantel.

Según Mateo Villegas, estudiante, mientras terminaban Primero de Bachillerato, una docente les presentó un video y les informó que estaba en la búsqueda de estudiantes que quieran participar en el intercambio. “Yo pensé ‘esta es mi oportunidad para salir y abrirme nuevas metas’. Llenamos los formularios y pasamos unas entrevistas”.

Ane Gil fue la docente que les presentó el video a los jóvenes, es además integrante de la Oficina de Relaciones Internacionales. Ella considera que el colegio tiene muy buenos chicos y muchos de ellos están proyectándose a salir del país y esta es una oportunidad para eso y poder crecer fuera de su zona de confort. “Sobre todo para tener una formación integral porque a los chicos elegidos, académicamente les va muy bien, pero quieren más retos y han pasado una prueba psicológica para ser parte del grupo”.

01.intercambiosestudiantilesEl viaje de los jóvenes es un gran salto dentro de un camino que se ha logrado poco a poco, paso a paso, durante casi un año. Dentro de los requerimientos, los chicos debían tener como mínimo ocho de promedio y pasar varias pruebas.

Ane asegura que inicialmente había cupo para que seis estudiantes tengan la experiencia, “pero los chicos aplicantes eran tan buenos que decidimos negociar. Al final se logró conseguir 10 cupos”.

Como parte de su preparación los jóvenes vivieron el campamento ‘Papá, mamá estoy bien’[1] en Cayambe. Según Jorge Castillo, S.J., jesuita, docente e integrante de la Oficina de Relaciones Internacionales, el objetivo era dotarles de herramientas a los muchachos para que puedan manejarse en distintas situaciones y poder controlar el shock cultural que sentirán durante su experiencia.

Antes de partir, tuvieron contacto con las familias anfitrionas en sus respectivos países a través de video llamadas y documentación, conocieron a sus padres y hermanos de intercambio.

De vuelta al país

Los muchachos se fueron a conocer nuevos amigos, nuevos lugares y a vivir nuevas experiencias.

Esteban Jácome comenta que “tenía mezcla de emoción y vergüenza porque solamente les habíamos visto a través de una pantalla. Pero todos se portaron muy abiertos. A medida que pasaba el tiempo fue muy fácil sentirse cómodo”.

Llegaron el Día de la Independencia de México muy temprano en la mañana, sin embargo sus maletas, no. Nicolás Cid: “Cuando llegué estuve súper cansado y me fui a dormir hasta las 4 de la tarde; luego teníamos que ir a una fiesta por el Día de la Independencia y debíamos ir de terno. Mi madre postiza se puso manos a la obra y rentó un traje. Por suerte llegaron las maletas a tiempo y pude ponerme mi ropa”.

La distribución académica en México es igual a la del Ecuador. Los jóvenes llegaron a quinto curso y los dividieron un ecuatoriano por paralelo.

“El primer día de clases llegamos a las ocho de la mañana y el Director del Instituto nos dio la bienvenida y nos encargó con el Coordinador quien nos hizo conocer el edificio e inmediatamente nos indicó que ya iríamos a nuestras respectivas aulas, que todos ya conocen nuestros nombres. Eso nos sorprendió porque nos estaban esperando”. – Esteban Jácome.

Una de las actividades que les llamaron la atención a los muchachos fue ‘Círculos Restaurtivos’ que es una asamblea donde ponen en común los ‘lamentos’ u ofensas que se hayan dado en la semana para perdonarse. En un segundo lugar se realizan las propuestas para mejorar algo del curso; y finalmente venían los elogios. 

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Durante las semanas intercambio, los jóvenes dieron exámenes y asistieron a clases magistrales. Según Martín Mendieta ese cambio fue positivo: “Para nosotros fue interesante porque cada profesor lleva su asignatura y cada uno se enfrasca en una materia, estuvo fácil en ese sentido. Nos fue bastante bien académicamente”.

Allá todos los estudiantes hacen actividades extracurriculares que tiene nota, además deben realizar servicio social una vez a la semana. Estas actividades como indicó Jorge Castillo, S.J., son parte de la ignacianidad y nos hace una gran familia: el darse a los demás.

Además del área académica, los gabrielinos tuvieron la oportunidad de conocer un poco del país pues participaron en los ‘viajes de estudios’: los estudiantes de todo el nivel se ponen de acuerdo para conocer un lugar de su país, en este caso Guanajuato. “Fuimos a lugares icónicos e históricos con los compañeros de Quito y también salimos con los de Cuarto a un safari”, afirmó Darío Caguate.

Los jovenes que se fueron eran tímidos y tenían miedo; los nervios y la expectativa por los días fuera del Ecuador y lejos de sus familias se delataban en su forma de hablar. Luego de dos meses en otro país han aprendido a valorar a sus familias, a su país y a ellos mismos: “Cualquier oportunidad que se tenga de viajar y conocer otro país, otra cultura; hay que aprovecharla. Hoy estamos atrasados en clases, eso nosotros nos igualamos. Pero la experiencia y todo lo que vivimos allá, nadie nos lo va a quitar”. – Nicolás Cid.

 

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[1] “Hay un movimiento de un chico mexicano que se fue a viajar por el mundo que se tomaba fotos con un cartel que decía ‘mamá estoy bien’, para tranquilizarla. Cuando una persona se va, sigue teniendo familia aunque esté lejos y hay que tranquilizar a los padres porque para ellos, los hijos son lo más importante” – Ane Gil